Ingredientes


• 6 huevos
• 1 K de harina
• 300 g de azúcar (para la masa)
• azúcar (para envolverlas)
• 2´5 sobres de levadura Royal
• 20 g de anís molido
• 1/2 vaso (de los de agua) de anís
• 1/2 vaso de zumo (el de un limón, el resto hasta llenar el vaso, de naranja)
• 1/2 vaso de aceite de girasol
• La ralladura de la piel de 1,5 limones y 1/2 naranja
• Aceite de girasol para freírlas

Elaboración


Separar las yemas de las claras.
Batir las claras con la batidora hasta que estén muy espumosas (casi punto de nieve).
Entonces añadir las yemas y batir.
Añadir el azúcar, ¡a meter las manos!.
Añadir la levadura, el zumo los anises molido, el vesito de anís, vaso de aceite y ralladura, sin dejar de remover con las manos.
Lo último que se incorpora es la harina.
Se va espolvoreando en la superficie y se va amasando, la masa ha de ir engordando.
Se sabe que ya está cuando ya te duelen los brazos, notas la masa y con las manos enharinadas puedes hacer bolas, se trabajan bien y no se te pegan.
Se hacen bolas y se colocan sobre la superficie enharinada.
Con maña -hay que ser rápido-, montar una sobre otra -para hacerlas dobles- y aplastarlas un poco para que se peguen.
Metiendo el dedo en el centro para hacerles agujero se introducen en abundante aceite caliente.
De entrada se hunden en el aceite -que no cunda el pánico-, pero rápidamente flotan.
Ahí entra en funcionamiento “el palito de la Vitoria” -o similar, el mango de un cubierto de palo-, se mete en el agujerito del centro y se hace girar la rosquilla sobre sí misma -sino el agujero tiende a cerrarse y queda una especie de buñuelo-.
Con una espumadera, vuelta, vuelta y otra vuelta hasta que se doren.
Se escurren de aceite y aún calientes se rebozan en azúcar

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