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La tiranía del “like” o cuando comer dejo de tratarse sólo de la comida

Entras en un restaurante y el aroma a mantequilla tostada, ajo y romero invade el ambiente.

En la cocina, el chef lleva horas perfeccionando una salsa, ajustando el punto de sal y calculando el segundo exacto para emplatar, con la misma precisión técnica que se enseña en una escuela profesional de cocina.

El plato llega a la mesa en el instante preciso, a la temperatura ideal, con aromas intensos y las texturas en su mejor momento.

Pero el primer gesto ya no es coger el tenedor. En muchas mesas, quizás demasiadas, comienza un ritual diferente.

El móvil aparece casi de forma inmediata. Se busca la mejor luz, se cambia el ángulo, se mueve ligeramente el plato y se repiten varias fotografías hasta encontrar la imagen perfecta.

La comida deja de ser únicamente una experiencia para convertirse también en exhibición. Mientras tanto, el plato pierde su temperatura perfecta, aunque parece que eso solo le importa al chef.

La experiencia gastronómica empieza a transformarse en contenido para las redes sociales.

Bienvenido a la era de la cultura foodie.

Gastronomía y redes sociales: comensal fotografiando un plato en el restaurante pedagógico TdEs

La cultura foodie, cuando la imagen compite con el sabor

Lo que nació hace años como una pasión por descubrir restaurantes, conocer nuevos sabores y compartir experiencias culinarias ha evolucionado hacia un fenómeno en el que, en ocasiones, las imágenes pesan más que el propio sabor.

Instagram, TikTok y otras plataformas han cambiado la forma de comunicar la gastronomía y también la manera en que muchos la viven.

Con las redes sociales, la cocina ha pasado de ser una experiencia principalmente privada a convertirse en una conversación pública y global. Un cambio que ha modificado la relación entre restaurantes, cocineros y comensales.

Hoy, numerosos restaurantes diseñan sus platos pensando tanto en el comensal como en la cámara. La presentación, el color, el volumen, la vajilla e incluso la iluminación pueden llegar a condicionarse para conseguir una fotografía más atractiva.

¿Seguimos valorando la cocina por su calidad o por su capacidad para hacerse viral?

El fenómeno por el que algunos restaurantes diseñan sus platos pensando tanto en el comensal como en la cámara tiene cada vez más presencia en la gastronomía actual. 

Una tendencia que podríamos llamar «postureo gastronómico»: platos concebidos no solo para ser disfrutados en la mesa, sino también para ser fotografiados, compartidos y conseguir «likes» en las redes sociales.

El impacto de Instagram y Tik Tok en los restaurantes

No hay duda de que las redes sociales han aportado beneficios a la gastronomía. Han dado visibilidad a pequeños restaurantes, han permitido descubrir cocinas tradicionales y han acercado diferentes culturas gastronómicas a millones de personas.

Estas plataformas también han transformado la forma de descubrir restaurantes, han impulsado a pequeños productores y han facilitado la difusión de recetas y nuevas tendencias gastronómicas.

Pero existe otra cara de esta realidad.

Muchos restaurantes diseñan hoy su decoración, su iluminación y la presentación de sus platos pensando en cómo se verán en una fotografía o en un vídeo.

Una tendencia que demuestra hasta qué punto la comunicación digital puede llegar a influir en la propia experiencia gastronómica.

El problema aparece cuando la imagen deja de acompañar al plato y empieza a condicionarlo.

La presión que viven los chef y los profesionales de hostelería

La experiencia gastronómica empieza antes del primer bocado. El diseño del plato, la iluminación, el ambiente y el servicio influyen en la percepción del comensal.

Lo que antes podía quedarse en un comentario entre amigos al salir de cenar, hoy puede convertirse en contenido permanente y público que cualquiera puede consultar antes de reservar una mesa.

Para muchos cocineros, esta nueva realidad supone un desafío constante.

Su trabajo diario, tanto a la carta como en un menú degustación, puede verse juzgado más por la estética que por la técnica, el sabor o la calidad del producto.

Y aquí aparece una contradicción interesante: mientras la cocina profesional exige años de aprendizaje, práctica, precisión y disciplina, las redes sociales pueden reducir una experiencia gastronómica compleja a una imagen de unos pocos segundos.

El reto consiste en encontrar un equilibrio entre la autenticidad gastronómica y las nuevas formas de comunicación.

Frente a la inmediatez del «postureo», la cocina profesional enseña justo lo contrario: paciencia, técnica y respeto por el producto.

Porque detrás de un buen plato hay mucho más que una fotografía atractiva.

En TdEs creemos que la gastronomía debe poder fotografiarse, compartirse y comunicarse, pero nunca debería convertirse en un espectaculo en el que la imagen termine sustituyendo al sabor.

Chef de cocina preparando un plato mientras la gastronomía se convierte en contenido para redes sociales

¿Las redes sociales benefician o perjudican a la gastronomía?

La cultura foodie ha democratizado la gastronomía y ha dado visibilidad a miles de negocios.

Pero también ha favorecido la masificación, la búsqueda de la viralidad y, en algunos casos, la prioridad de la estética sobre la calidad culinaria.

Los propios restauradores lo saben: no basta con cocinar bien. También hay que comunicar, gestionar la reputación online y entender cómo funciona un negocio gastronómico en la era de las redes sociales.

Además, hoy cualquier persona puede influir en miles de consumidores mediante una publicación, una recomendación o una reseña.

Esto ha cambiado radicalmente la relación de poder entre restaurantes y clientes.

Antes, la reputación de un establecimiento se construía principalmente con el boca a boca. Ahora, una fotografía, un vídeo o una opinión publicada en Internet puede influir en la decisión de cientos o miles de personas.

Las redes sociales, por tanto, no son buenas ni malas por sí mismas, son una herramienta. El problema aparece cuando dejamos que las métricas decidan qué entendemos por buena gastronomía.

La cuestión es cómo decidimos utilizarla.

Comensales compartiendo una cocmida y disfrutando de la experiencia gastronómica sin móviles

Recuperar el verdadero sabor de comer

La gastronomía siempre ha sido aroma, textura, conversación, emoción y disfrute compartido.

Quizás el verdadero lujo sea guardar el móvil durante unas horas y volver a disfrutar de la cocina con los cinco sentidos.

Porque seguro que estamos de acuerdo en que algunos momentos no necesitan «me gusta» ni hacerse virales para convertirse en inolvidables.

Solo necesitan un buen plato, buena compañía y alguien dispuesto a saborearlo y disfrutarlo.

La tecnología seguirá evolucionando, pero la calidad del producto, la técnica y el servicio continuarán siendo la base de una gran experiencia gastronómica.

Aunque la cultura foodie haya cambiado nuestra forma de comer y de descubrir restaurantes, la esencia sigue estando en disfrutar de una buena comida compartida.

Quizás deberíamos recuperar algo tan sencillo como esto:

Comer primero y fotografiar después. Porque un plato no se convierte en bueno cuando consigue muchos likes. Se convierte en bueno cuando queremos volver a comerlo.

Preguntas frecuentes sobre las redes sociales

¿Que significa ser foodie?

Ser foodie hoy va más allá de amar comer. Es una cultura impulsada por Instagram y TikTok donde descubrir restaurantes, fotografiar platos y compartir reseñas se ha vuelto tan importante como el sabor mismo. Es pasión por la gastronomía, pero también por contarla.

¿Cómo influyen las redes sociales en la gastronomía?

Influyen en 3 áreas clave:

Visibilidad: dan a conocer pequeños locales y productores.

Diseño: los platos y locales se diseñan para ser «instagrameables»

Reputación: una reseña viral puede llenar o vaciar un restaurante en 24 horas.

¿La presentación es más importante que el sabor?

No. En cocina profesional, como enseñamos en TdEs Barcelona, la presentación suma, pero nunca puede sustituir a la técnica, la calidad del producto y el sabor.

Un plato bonito que llega frío o soso es un plato fallido. El sabor siempre debe ser la prioridad.

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