buen postre

La importancia de un buen postre

Disfrutar de un buen postre o una buena comida en general, no es sólo una necesidad humana, tal como nos indica la teoría de Maslow. Es mucho más que una mera necesidad nutricional. Comer, cómo comemos, donde comemos, lo que comemos, con quién comemos, a qué hora comemos, son unos aspectos muy importantes de cualquier persona, de su cultura y de su historia.
La cultura gastronómica es de gran importancia para cualquier sociedad. Habla de sus hábitos, de sus sentimientos, de su idiosincrasia, de su dinero. etc.
Aquellos que vivimos de la Restauración, sabemos que comer no es el único motivo por el cual los clientes vienen a nuestro  Restaurante. Existen muchos otros factores que podríamos llamar “psicogastronomía” o “psicofactores“.

Disfrutar una comida es algo más que calmar el hambre

En un restaurante compartimos más que la comida de un plato. Compartimos amistad, experiencias, anécdotas, amor y placer. Compartir una comida, significa mucho más que comer, es una parte de la vida y de con quién la vivimos.
Los alimentos nos provocan placer, nos traen recuerdos y nos acercan a otros países, lugares, personas y situaciones. Comer despierta nuestros sentimientos.
Pero sobre todo, comer dulce, nos despierta una gran sentimiento de placer. Aunque si lo convertimos en un mal hábito nos deja un “pesado” sentimiento de culpabilidad.

Que lleva un buen postre?

Un buen postre lleva más que kilos de azúcar o kilos de grasa. Lleva mucho más que saborizantes, emulgentes, espesantes, estabilizantes. Un postre elaborado con ingredientes de buena calidad y en manos de un pastelero profesional y cualificado, lleva sobre todo, mucho amor. Por eso, son muchos los clientes, que después de haber saciado su apetito con un primer y un segundo plato, nos piden una buena ración de placer. Siempre es un buen final para terminar una deliciosa velada.
En los restaurantes siempre ofrecemos en una carta aparte, una buena dosis de placer. Porque llevan mucho trabajo, llevan mucho tiempo. Si quiero comer bien, siempre tengo que acabar sintiendo el dulce amor de un postre.
Cada tarta, cada bizcocho o magdalena es una forma diferente de sentir placer. Tienen una forma y sabor diferente de amor, porque nunca se hacen en moldes iguales. Lo que si garantizamos es su alto contenido en amor.

¿De dónde surge tanto amor y placer para un buen postre?

¿De donde surge la palabra postre? Como otras muchas palabras, encontramos su origen etimológico en el latín. Proviene viene del término latino “posterum”, que significa detrás, después, posterior.
Por eso siempre encontramos el postre detrás de la comida, al final de la comida. Aunque podemos infringir la regla y podemos sentir placer en cualquier momento del día. Pero sin duda para provocar este sentimiento de placer, hemos de recurrir a grandes cantidades de azúcar, es imprescindible. De ahí, que siempre debe ser un placer con mesura, ya que nos aporta gran cantidad de calorías.

¿Qué buscamos en un buen postre como parte final de la comida?

La primera respuesta que se nos ocurre y quizás la más lógica por nuestra experiencia, sería la búsqueda de placer. Después de una hora comiendo, nuestra suposición es que los clientes ya están saciados, o al menos hemos intentado que se sacien. El apetito, como necesidad fisiológica primaria, ya ha sido satisfecho. Pero en algunos casos, hay clientes que todavía buscan algo más. Todavía tienen ese hueco para rellenar. Todavía tienen una necesidad insatisfecha, tal como diría Maslow. Ese ansiado y dulce tesoro, que ha conseguido un sitio de honor en nuestras mesas.

Comer un buen postre sí, pero de manera responsable

Aunque es verdad que es un compendio de ingredientes que agraden a nuestra salud si son consumidos en desmedida, hay alternativas para no prescindir de ese dulce sabor que nos llena de placer y a la vez cuidar un poco nuestro organismo. Para disfrutar de una buena pastelería y repostería, deberíamos considerar aquellos ingredientes y en cuánta cantidad intervienen en su preparación.
Por lo tanto podemos consumir en cantidades moderadas cualquier tipo de alimento, siempre y cuando acompañemos de alguna actividad física.

 Reglas de oro para consumir un buen postre sin arrepentirse

  • Desde un punto de vista naturista, debemos reducir el consumo de lácteos. Preferiremos siempre yogur, kéfir y quesos antes que leche. Sustituir las grasas saturadas por aceites de semillas no refinados y cambiar los azúcares procesados, por azúcares de procedencia natural y no manipulada. Pero siempre con prudencia.
  • Puesto que el postre es una comida más, deberíamos considerar que platos hemos consumido anteriormente a la hora de escoger de forma saludable el postre. Si hemos consumido grandes cantidades de hidratos de carbono y grasas previamente, lo ideal es inclinarse hacia una fruta o gelatina. Si nos apetece algo más dulce o chocolates, la mejor opción es consumir de primero sopas o cremas de verduras sin excesivas grasas y ricas en líquidos y fibras.
  • Los bizcochos, pasteles o cakes deberían reservarse para ocasiones especiales. Aunque en todo caso siempre deberíamos considerar, que el problema no está en lo que consumimos, sino en la cantidad que consumimos. No hace falta reprimir del todo. Bastará con que nos reprimamos un poquito.
  • Tampoco debemos descuidar en qué situación se encuentra nuestro intestino y aparato digestivo. Es preferible evitar cargas innecesarias con combinaciones inadecuadas, que pueden provocar digestiones lentas o molestos dolores. En esos casos, ni las frutas se pueden considerar como una buena opción, a excepción que sean cocidas. Quizás lo mejor, es dejar el postre para otra ocasión más feliz.

Autor: Sergi Melendez Giner

Editing: Manuela Pirrone

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